CONCIERTOS

CRÓNICA: JUAN ZELADA ABRE MADTOWN DAYS A RITMO DE SOUL #MADRID

Mayores, pequeños, adolescentes. Padres, fotógrafos, periodistas y toda la sala Arena bailó y disfrutó del nu-soul de Juan Zelada desde las nueve y media de la noche hasta el cierre de la sala. Se hizo de rogar el madrileño, pero arrancó el concierto con un poco de calma al teclado antes de dar caña guitarra en mano.

Zelada Madtown days

No solo escuchamos a Zelada y su banda con canciones del último disco, Back on track. El factor sorpresa vino por dos partes: presentó ante el respetable madrileño muchos de sus nuevos temas, algunos sonando por primera vez en directo, y otros traían consigo colaboraciones como la vocalista de Morgan. Juntos cantaron It’s somebody, y creando una atmósfera preciosa en la sala.

madtown days

Pero no solo hubo soul y ritmo a base de las palmas. Hubo momentos para que el Zelada más sincero empezara con la canción de la que nació todo: Breakfast in Spitafields. Pudimos sentir cómo el tren partía rumbo al otro lado del charco con Train to Mexico, y hasta el lado más inocente de toda persona enamorada con Foolish love.

“¿Todos bien? ¿Os lo estáis pasando bien!?” decía Juan Zelada entre canción y canción en varias ocasiones al respetable. El tono del público gritando lo bien que se encontraba animó a la banda a empezar el último tercio del concierto con la energía y el ritmo in crescendo.

juan zelada madtown days

Todos empezamos a bailar tras hora y poco de concierto con varias canciones nuevas, como The Ship, y otras ya conocidas, como la recién estrenada Next Station en colaboración con Macadamia.

Da pena que los finales lleguen cuando ya estás disfrutando del show y metido en la vorágine musical que te envuelve. Da pena gritar ‘¡otra, otra!’ sabiendo que habrá un par más, un amago de que la banda se vaya y vuelva de nuevo, y de que no será la última canción porque sabes que algo mejor te aguarda. Y así fue.

Después de ‘What do I know’, de brindar por todos nosotros con una cerveza, y de hacer sin duda alguna la mejor parte del concierto, venía la guinda del pastel.

Un baile sin fin, una sala entera a ritmo del soul más madrileño a la par que inglés. Un solo de saxo mágico e irrepetible. Una auténtica fiesta de la música que hizo que los ojos del propio Zelada brillaran al acabar la función. Y con esa sonrisa que no le entraba en la cara nos emplazó hasta una más que segura próxima vez en Madrid.

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