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CRÓNICA: NOEL GALLAGHER EN EL ROYAL ALBERT HALL DE LONDRES

NOEL GALLAGHER ABRE PARA SÍ MISMO EN EL ROYAL ALBERT HALL EN UN CONCIERTO ESPECIAL DE NAVIDAD 

Cualquier melómano que jamás se pierda la oportunidad de ver música en directo coincidirá en que hay algunos conciertos, unos pocos a lo largo de la vida, que se quedan grabados en la memoria para siempre. Pues este es uno de ellos.

Cuando se va a ver a Noel Gallagher’s High Flying Birds en un concierto especial de Navidad en nada más y nada menos que el mítico Royal Albert Hall de Londres, las expectativas son más que altas. Y si además abre el propio Noel con un «acoustic set», qué decir.

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El de Manchester, cuyo último trabajo «Chasing Yesterday» ha sido recientemente nombrado disco del año en los Q Awards, ha recorrido unos cuantos festivales la pasada temporada y va a girar en 2016, con visita a España incluida: 8 abril en la Riviera de Madrid y 9 de abril en el Sant Jordi Club de Barcelona (entradas disponibles solo ya para Barcelona en www.livenation.es).

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Pero esto era otra cosa, todo hay que decirlo. Las entradas habían volado el día en que salieron a la venta en unos literales diez minutos (evitaré recordar la dolorosa cola virtual en la página del Royal Albert Hall), y no es que el precio fuese muy amigable. Sin embargo todo encajaba una vez allí, al ver un público bastante maduro, principalmente formando por fans de pura cepa, dispuestos a todo con tal de presenciar semejante concierto (lo que han pagado algunos en la reventa no tiene nombre). Lo cierto es que en mi vida había visto tantos tatuajes de auténtico «mad fer it«, ni tantas parkas con el logo mod, ni tantos peinados a lo Paul Weller.

Allí estábamos, en plena faena de tomarnos una botella de tinto en las butacas (sí, la elegancia del sitio se nos subió a la cabeza), cuando se apagaron las luces y sonó la legendaria «My My, Hey Hey» de Neil Young. Acto seguido salió un aclamadísimo Noel Gallagher con su acústica, y después los músicos que lo suelen acompañar en este tipo de sets: guitarras, piano, batería y vientos. Además, los acompañaba Gem Archer, el legendario ex-guitarrista de Oasis. Todo un lujo.

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Se veía venir y así fue: ocho «temazos» (porque no tienen otro nombre), todos de Oasis, y todos capaces de hacer cantar a 5000 personas como una sola. Para calentar motores «(It’s Good) To Be Free» y «D’Yer Wanna Be A Spaceman?«, seguidas de una increíble cover acústica de «Listen Up«. Después «Sad Song» y una absolutamente solemne «Slide Away«. Llegó el turno de la mítica «Cast No Shadow«, escrita para Richard Ashcroft pero dedicada esta vez a su mujer, que estaba en uno de los boxes. Para finalizar este «warm up», «The Importance Of Being Idle» y la que no podía faltar (como el propio Noel dijo), «Wonderwall«. Ésta última en el refrescante formato que le ha dado el británico en su carrera post-Oasis.

Como puede apreciarse, fue un paseo por discos de Oasis tan memorables como el «Definitely Maybe» (1994), el «What’s The Story Morning Glory?» (que está de veinte aniversario este año), o el recopilatorio de caras B “The Masterplan”(1998), entre otros. Y todo ello en un tono íntimo y con Noel desgarrándose al micro.

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El cantante, que ya de por sí suele hacer bromas con el público, estuvo sembrado y se trajo una buena mofa con el tema de que “los de la banda a la que teloneaba eran unos mamones que ni le habían dejado hacer prueba de sonido” y con que su mánager era “un inútil incapaz de encontrar teloneros, que le había obligado a tener que tocar durante cuatro horas seguidas”.

Cuando acabó, hubo un pequeño interludio (con la consabida visita multitudinaria al bar) y enseguida volvió a salir Gallagher con su banda, los High Flying Birds. Ahora con la eléctrica y con todos de pie en vez de sentados, dieron el pistoletazo de salida con «Everybody’s On The Run«, del primer álbum del artista en solitario: el “Noel Gallagher’s High Flying Birds” de 2011. Después «Lock All The Doors» y «In The Heat Of The Moment«. Pura energía y baile, pues así es el «Chasing Yesterday» (con alguna excepción, eso sí).

A continuación (y con imágenes de la juventud de los Gallagher en la pantalla) «Fade Away» de Oasis, muy poco esperada y muy celebrada. De hecho unos cuantos entre el público miraban hacia atrás con los puños alzados y cantando a voces para jalear a los demás. De traca.

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Vuelta a lo posterior a Oasis con «Riverman» y «The Death Of You And Me«, con trompetas y saxo para esta última. Todo el Royal Albert Hall empezó a corear «¡Noeeeeel, Noeeeel!» durante un minuto, a lo que él respondió diciendo: «what?» mientras se ponía una mano en la oreja y se reía.

Después anunció que venía un tema que había escrito en la época de Oasis. Exacto: «You Know We Can’t Go Back«. Y luego otro himno: «Champagne Supernova«, con un coro de veinte personas en la retaguardia. Se veían lágrimas aquí y allá (la chica de mi lado no paraba). Para subir un poco los ánimos, «Dream On» también del disco de 2011.

Y la que se nos venía encima a continuación. La preciosa «Talk Tonight«, especialidad de la casa y «Whatever«, ese single tan atemporal que es un canto a la libertad. A estas alturas el concierto galopaba imparable, aunque se iba temiendo el final. Pero todavía quedaban unos cuantos temas de ayer y de hoy: «The Mexican«, «If I Had A Gun» (imprescindible en este bolo), «Digsy’s Dinner» y «Half The World Away«. Esta última impresionante, tanto que aunque hubiera sido el final habría dado la talla. Pero no lo era, todos lo sabíamos y, cuando los músicos dijeron adiós y las luces se apagaron, la muchedumbre se volvió loca.

Poco después, justo tras el revuelo de la reentrada para los bises, una fan logró subir al escenario, agarrar la cara de Noel y darle un «morreo» de escándalo antes de que se la llevaran en volandas los de seguridad. Todo ello digno de verse.

Finalmente se reanudó el concierto y el mancuniano nos regaló tres perlas hábilmente elegidas. Empezó con “The Masterplan”, alcanzando el que probablemente sería el momento más solemne y emotivo de todo el concierto (y el favorito de una servidora). Turno después para famosa “AKA…What A Life” de su debut en solitario. Y por último y como bien se sospechaba, “Don’t Look Back In Anger”. Poco se puede hacer ante semejante himno más que dejarse llevar por su eufórica melodía y por esa letra tan esperanzadora, que dudo que alguno de los allí presentes no se supiera de cabo a rabo.

El tema acabó con el clásico “sing-along” del final, y nos fuimos de allí con un exquisito sabor de boca, que ni la lluvia londinense ni la infinita cola para conseguir un taxi pudieron amargar.

Llevo cinco días sin escuchar otra cosa que no sea a este genio o a su antigua banda. Fue un concierto sublime y, aunque las comparaciones sean odiosas, de los mejores (si no el mejor) que he tenido la suerte de presenciar. Ahora toca esperar la visita primaveral de Noel a España. Y también seguir fantaseando con la reunión, por qué no.

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